Hoy 8 de marzo recordamos a Lucrecia Arana (Haro, La Rioja, 1867-Madrid, 1927), una de las más destacadas intérpretes de nuestro género lírico, la zarzuela, gracias a su admirable voz, potente, brillante y espontánea, su fraseo prefecto y sus grandes condiciones de actriz. Su unión con el escultor Mariano Benlliure les convirtió en una de las más atractivas parejas de artistas del cambio de siglo, que reunieron a su alrededor a los personajes más ilustres de la época. Mujer adelantada para su tiempo, compaginó con naturalidad su intensa actividad profesional con su vida familiar junto a Benlliure y su hijo José Luis Mariano, e incluso cruzaron sus trayectorias para colaborar en numerosos proyectos.

Reconocida y admirada en vida, atrajo la mirada de pintores, escultores, compositores y fotógrafos, que captaron su imagen o le dedicaron importantes obras, entre ellos Joaquín Sorolla, que la retrató en dos ocasiones.

1906 Joaquín Sorolla, Lucrecia Arana con su hijo