Lucrecia Arana

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Lucrecia Arana 2018-02-16T18:04:06+00:00

Lucrecia López de Arana Fernández

(Haro, La Rioja, 1867 – Madrid, 1927)

Lucrecia López de Arana Fernández nació en 23 de noviembre de 1867 en Haro, en una modesta vivienda en el número 6 de la calle del Serení, actualmente calle de Prim. Sus padres, José López de Arana Díaz y María Fernández Baños, eran naturales del vecino pueblo de Briones. Lucrecia era la cuarta de cinco hermanos, de los que otros dos, además de nuestra protagonista, se dedicarían al mundo del teatro: Filomena, la segunda y Pablo, el benjamín y único varón. Al enviudar su madre en 1872, entró a trabajar para Rafael López de Heredia y Landeta, empresario y fundador de una de las más veteranas bodegas riojanas, que cuando descubrió la calidad y la potencia de su voz, la apoyó y ayudó económicamente para que pudiera estudiar canto. Aunque no hay documentación que lo avale, no debió seguir una enseñanza reglada, sino que se benefició de las clases particulares de cantantes y músicos del círculo de los teatros Real y de la Zarzuela, como Baldelli y Latorre en canto y Llanos en piano, o del maestro de coros Félix Ruíz como se menciona en unas notas manuscritas conservadas en el Álbum de recuerdos de la cantante.

Arana, que llegó a ser una de las más destacadas intérpretes del género lírico gracias a su admirable voz, potente, brillante y espontánea, su fraseo prefecto y sus grandes condiciones de actriz, debutó en un papel secundario en la zarzuela La Mascota de Edmond Audran en 1888 en el teatro Príncipe Alfonso. Tan sólo un año después ya había alcanzado el puesto de primera tiple y celebró su primera función de beneficio en el Teatro Apolo y en 1895 fue contratada como primera tiple del Teatro de la Zarzuela, puesto que mantuvo durante 12 años, convirtiéndose en la “tiple de los madrileños”, hasta que por decisión propia rescindió el contrato con vistas a retirarse profesionalmente de los escenarios.

Conoció al escultor Mariano Benlliure durante la temporada de verano de 1895 del Teatro Príncipe Alfonso de Madrid, en la que interpretó con extraordinario éxito varias reposiciones del maestro Fernández Caballero, y estrenó el 28 de julio su última zarzuela, El domador de leones, en la que, por aclamación del público, repitió el vals del último cuadro. Inmediatamente brotó entre el escultor y la cantante una fuerte atracción y muy pronto decidieron unir sus vidas definitivamente. Ambos artistas supieron compaginar su vida familiar con sus respectivas trayectorias profesionales, con amor, admiración y respeto. El 5 de julio de 1898 nació el que sería su único hijo, José Luis Mariano Benlliure López de Arana (Madrid, 1898-1981).

Estreno más de 140 zarzuelas y actuó en los principales teatros de la península, entre ellos el Real, La Zarzuela, el Apolo, el Eslava o el Príncipe Alfonso en Madrid; el Bretón de los Herreros en Haro; Principal en San Sebastián; Eldorado en Barcelona; el Principal de Alicante; en el Circo y el Romea de Murcia; en el Pizarro de Valencia; Tamberlick y Rosalía de Castro de Vigo; Arriaga y Campos Elíseos de Bilbao; Lope de Vega de Valladolid; Principal y Circo de Zaragoza y Circo y en el Rojas de Toledo.

Sus más grandes éxitos fueron tres zarzuelas de Manuel Fernández Caballero con libreto de Miguel Echegaray: La viejecita (1897) y Gigantes y cabezudos (1898), ambas escritas para ella; y El dúo de la africana (1894) que interpretó un año después de su estreno. Otros reconocidos compositores del momento también pensaron en la Arana a la hora de presentar sus nuevas obras: Giménez para El baile de Luis Alonso y El barbero de Sevilla, Bretón para La cariñosa y El certamen de Cremona, Vives para La balada de la luz y La rabalera, Chapí para El tío Juan y Guardia de honor y en colaboración con Giménez para El húsar de la guardia; o el valenciano José Serrano que le dedicó La casita blanca y La reina mora.

Se retiró profesionalmente de los escenarios a principios de 1908, pero siguió actuando con regularidad en numerosas galas y funciones benéficas, algunas organizadas por ella misma. Fue una cantante absolutamente rigurosa en su trabajo, exigente y autocrítica, que mantuvo su voz en plenitud de facultades hasta el final de sus días, gracias a su buena escuela de canto y a esa constancia diaria en el estudio con su maestro de canto. Además de su voz, cuidó siempre su vestuario, siempre alabado por la prensa, que inicialmente diseñaba y dirigía su confección ella misma, y que más tarde le delineaba Mariano Benlliure, para que se atuviera con el máximo rigor al personaje y a la época en que transcurría la zarzuela. Destacó en la interpretación de papeles masculinos, gracias a su amplio y potente registro de graves y su buena figura, realzada por su excelente vestuario.

Lucrecia falleció el 9 de mayo de 1927, de forma súbita a consecuencia de una embolia cerebral. La noticia se extendió rápidamente por Madrid, y fueron centenares los testimonios de pésame que recibió la familia de toda la sociedad madrileña, sin faltar el del rey Alfonso XIII. Fue enterrada en una sencilla tumba en la Sacramental de San Justo, junto a su madre y su hermano y compañero de escenario Pablo Arana. Mariano Benlliure modeló un busto de Lucrecia que, fundido en bronce, se colocó poco después en la cabecera de la tumba, y que desaparecería durante la Guerra Civil.

Tras la muerte de la famosa tiple y por iniciativa y patrocinio de su hijo, José Luis Mariano Benlliure López de Arana, que aportó la dotación económica procedente del seguro de vida de su madre, se instituyó en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid el Premio “Lucrecia Arana”, en las modalidades de canto y declamación, cuya placa con la efigie de la cantante fue modelada por Mariano Benlliure.

 

 

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